Parques de diversiones, es un negocio aislado
Por Angel Preciado Domínguez
Cuando se habla de parques de diversiones, normalmente se piensa en entretenimiento, turismo y economía. Sin embargo, desde el urbanismo es un espacio esencial (hasta la fecha), para el esparcimiento y distracción para mayormente los niños, que es aquí donde surge una pregunta relevante: ¿realmente estos espacios funcionan como equipamiento urbano o son desarrollos aislados dentro de la ciudad con un fin netamente comercial?
Un parque de diversiones, por definición, concentra actividades recreativas y atrae grandes flujos de personas. En teoría, esto podría posicionar como un nodo importante dentro de la estructura urbana. No obstante, en la práctica, muchos de estos espacios operan como enclaves cerrados, con poca o nula integración al entorno inmediato.
Uno de los principales problemas es su relación con la movilidad. La mayoría de los parques de diversiones están diseñados bajo una lógica dependiente del automóvil: grandes estacionamientos, accesos limitados y escasa conexión con transporte público o infraestructura peatonal. Esto no solo condiciona quién puede acceder, sino que también genera impactos viales importantes en su zona de influencia.
A esto se suma su configuración física. Al tratarse de espacios controlados, con accesos definidos y operación privada, suelen funcionar como “islas urbanas”. Es decir, espacios que, aunque están dentro o las periferias de la ciudad, no interactúan con ella. No generan continuidad en el espacio público ni aportan a la vida urbana más allá de sus límites.
Esto contrasta con el concepto de equipamiento urbano, que busca integrarse al tejido de la ciudad, responder a una demanda social y aportar al entorno inmediato. Un parque público, por ejemplo, permite múltiples accesos, fomenta la permanencia y se convierte en parte del día a día de la población. Un parque de diversiones, en cambio, opera bajo horarios, costos de acceso y dinámicas que limitan su apropiación cotidiana.
Sin embargo, esto no significa que los parques de diversiones no puedan aportar valor urbano. Cuando se planifican correctamente, pueden detonar desarrollo económico, generar empleo y activar zonas específicas de la ciudad. La clave es, como se integra en la planificación urbana de la zona o la proyección de la misma.
El reto, entonces, no es cuestionar su existencia, sino su diseño urbano, porque si el objetivo es construir ciudades más accesibles, conectadas y habitables, es necesario replantear el papel de estos espacios dentro del sistema urbano. No como elementos independientes, sino como piezas que pueden que deberían integrase a la dinámica de la ciudad.
Autor:
Arq. Angel Preciado
Arquitecto, entusiasta del urbanismo y el ordenamiento territorial. Cofundador del despacho de urbanismo y arquitectura UrbanDot.mx

